Tras la guerra civil, Zabaleta retoma su actividad
artística y sigue viajando frecuentemente a Madrid. Se hospeda, como de
costumbre, en la pensión de Dª Verónica (calle Caballero de Gracia), en la que
había sido detenido el 1 de diciembre de 1939. Practica el dibujo en el Círculo
de Bellas Artes, asiste con asiduidad a las tertulias del Café Gijón, donde es
bien conocido, y visita a sus amigos; allí irá ampliando y reforzando su
amistad con numerosos intelectuales, artistas y críticos de arte, de lo que
queda constancia en su agenda personal de direcciones, en la que aparecen más de
200 entradas correspondientes a la capital de España.
Como señalaba con acierto Enrique Azcoaga, eran tiempos «en que la cultura estaba exiliada de Madrid y de
Andalucía». Y a continuación escribía: «nos uníamos con extraordinaria
frecuencia con el fin de lamentar una España como la que Rafael (Zabaleta), yo y tantos padecimos; no
era la que queríamos, la que pretendíamos, la que las gentes de pluma y pincel
de los años cuarenta echábamos de menos para no confundir, entre tantas cosas,
país con cuartel…»[1].
Aquellas reuniones y tertulias, repletas
de inquietudes, rebeldía, arte, amistad, vino y tabaco, siguen hoy día dando
sorpresas –como
ahora veremos– al
investigador que intenta adentrarse en la vida de Rafael Zabaleta.
1.- La pensión de la señora Nieves.
Corrían los primeros años 40. Los pintores que no se
habían visto obligados al exilio trataban de superar, como el resto de los
españoles, el duro trauma sufrido durante la guerra civil. Muchos de ellos
retornaban a la pintura e intentaban abrirse camino en el mundo del arte.
En la pensión madrileña de doña Nieves, situada en el
número 31 de la calle General Pardiñas, muy cerca del estudio de Daniel Vázquez
Díaz, se alojaba el artista onubense José Caballero[2]. En la agenda personal de
Rafael Zabaleta figura precisamente esa pensión, el número 31 de General
Pardiñas, como domicilio de su amigo Caballero[3].
En aquella pensión solían reunirse con el pintor onubense
varios amigos artistas, entre ellos Juan Antonio Morales[4], que también residía en ella desde su época de estudiante, José Luis López Sánchez[5], Pedro Bueno[6] y Rafael Zabaleta.
En una ocasión los cinco decidieron utilizar como soporte
para sus obras las tablas que componían dos de las puertas interiores de la
pensión, que ellos llamaban “The Nieves House”. Dichas puertas estaban
compuestas por cuatro tablas de 40 x 60 centímetros, cada una de las cuales
estaba enmarcada con una fina moldura e integrada en la hoja de la puerta. Los
artistas decidieron pintar al óleo en las tres tablas superiores de cada
puerta. José Caballero (con dos obras) y Pedro Bueno (con una) lo hicieron en
una de las puertas. José Luis López Sánchez, Juan Antonio Morales y Rafael
Zabaleta pintaron en la otra.
Recientemente, y con la inestimable colaboración de Raúl Estévez García (secretario de la Fundación Caballero – Thomás de Carranza) y de César Cuéllar Santamaría (Galería de arte Ángeles Penche), he podido conocer esas obras, con las que sus autores pusieron un original toque de color y de belleza a aquel ambiente gris que les tocó vivir.
2.- La obra de Rafael Zabaleta en la puerta de la pensión de doña Nieves.
Rafael Zabaleta. Óleo sobre tabla. 40 x 60 cm. Fotografía facilitada por la galería Ángeles Penche. |
La obra que Rafael Zabaleta pintó en esta puerta, hasta
ahora prácticamente desconocida y sin catalogar, representa una escena en la
que aparecen un arlequín en pie, de espaldas, con el clásico ropaje de rombos
multicolores muy ceñido y gorro bicornio, sujetando con su mano derecha un
abanico cerrado; y otro sentado, vestido de amplios ropajes blancos, con largo
gorro cónico y máscara de pronunciada nariz, tocando la guitarra. Ambos lucen
amplia gorguera. Parece que el primero ejecuta una grácil danza al ritmo de la
música que interpreta el segundo. La escena se sitúa en un jardín con aspecto
de telón teatral. Todo ello crea un ambiente de ensueño, característica que
comparte con las obras de los otros cuatro pintores y enlaza con el arte
surrealista que en aquellos momentos tan impactante era para todos ellos.
Además recuerda los dibujos lorquianos, lo que no es de
extrañar dada la vinculación que con Federico García Lorca mantuvieron dos de
los pintores que también decoraron las puertas: José Caballero y Juan Antonio
Morales. Ambos realizaron el cartel de Yerma
cuando la obra se representó en 1934. Morales ilustró el Romancero Gitano editado durante la guerra. Caballero colaboró en
“La Barraca” como escenógrafo y figurinista, y realizó las ilustraciones
surrealistas que acompañaron la edición de Llanto
por Ignacio Sánchez Mejías en la editorial Cruz y Raya (1934). Es de
suponer que en aquellas reuniones en “The Nieves House” Lorca fuese muy
recordado y comentado por los artistas tertulianos.
Por otra parte, esa temática circense aparece en
numerosas obras de Zabaleta de los años 30 y 40 del pasado siglo. En varias
obras de esos años, algunos arlequines y cómicos de Zabaleta aparecen también cubiertos
con gorro bicornio, tan habitual asimismo en los arlequines de su admirado
Pablo Picasso, y en algún caso con gorro cónico.
Pero en el caso de esta obra los personajes muestran un dinamismo y una movilidad inusuales en las demás de tema circense que Zabaleta pintó, cuyos personajes parecen posar como para una fotografía, mucho más estáticos, más en reposo; y es que parece que en este caso los dos arlequines estuvieran ensayando para su espectáculo. No obstante, tanto unos como otros, a pesar de sus coloridos ropajes, siempre trasmiten una sensación de soledad, una gran melancolía y tristeza interior.
3.- El final de las puertas de la pensión de doña Nieves.
A finales del siglo XX, la galería de arte madrileña
Ángeles Penche adquirió las puertas a las que me vengo refiriendo y se ocupó de
desmontar y restaurar cada una de las tablas de las mismas para vender por
separado las obras en ellas pintadas. La de Zabaleta se expuso y se vendió en
la IX Feria del Arte de Santander (año 2000), sin que hasta el momento sepamos
quién es su propietario actual.
No hay duda de que Zabaleta seguirá dándonos sorpresas a
poco que haya algo de suerte y se busque fuera de los caminos trillados, tan
fáciles de recorrer, pero que pocas novedades seguramente podrán aportar.
[1] Enrique Azcoaga: Mi buen amigo Rafael Zabaleta. En G. Ureña (coord.). Zabaleta Homenaje (pp. 30-34). Jaén, Diputación Provincial, 1984.
[2] José Caballero y Muñoz-Caballero (Huelva, 1913 – Madrid, 1991), alumno de Vázquez Díaz. Según me indica Raúl Estévez, Caballero residió en la pensión de la señora Nieves entre 1932 y julio de 1936; y después de la guerra, desde mediados de 1939 a 1951.
[3] Según figura en la agenda de Rafael Zabaleta, su amigo el pintor Francisco San José residía en el número 33 de General Pardiñas, inmueble contiguo a la pensión de doña Nieves; y en el número 64 de la misma calle residía su amiga la pintora Menchu Gal, que en la Exposición Nacional de Bellas Artes (1954) obtendría una medalla por su obra Retrato del pintor Zabaleta. Fue precisamente en el estudio de Menchu Gal donde Zabaleta presentó (1943) a Francisco San José a la que luego sería su esposa, la pintora y ceramista Pilar Aranda Nicolás.
[4] Juan Antonio Morales (Valladolid, 1909 – Madrid, 1984), contertulio de Zabaleta en el Café Gijón y compañero de clase de José Caballero en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando (Madrid). En su época de estudiante residía, como Caballero, en la pensión de doña Nieves.
[5] José Luis López-Sánchez Toda (Madrid, 1901 – 1975), artista muy conocido porque diseñó y grabó más de cien sellos y la mayoría de los billetes en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Se conservan tres cartas suyas dirigidas a Zabaleta entre 1945 y 1949.
[6] Pedro Bueno
Villarejo (Villa del Río, 1910 – Madrid, 1993), contertulio de Zabaleta y Juan
Antonio Morales en el Café Gijón, y gran amigo de Zabaleta. Se conserva abundante
correspondencia suya dirigida a Zabaleta desde 1936.
No hay comentarios:
Publicar un comentario